Junio 29, 2007...7:13 pm

EL PORQUÉ DE MIS RAZONES

Saltar a Comentarios
Escribo, desde una ciudad de arena, yo hijo natural del más puro mestizaje, alma sin sueño, eterno viajero, agobiado por preocupaciones tan absurdas como la verdad y la razón; escribo con el corazón en la mano, corazón de arena, arena que no es más que polvo, polvo de ayer, polvo que mañana será vida y verdor; polvo que hoy no es más que polvo, esperanza desahuciada, promesa inalcanzable, lejanía y ausencia, polvo-arena, arena de ciudad, ciudad arena, ciudad de nadie, lugar de encuentro y despedida, rió de arena donde la nostalgia devora la esperanza, y los niños crecen cual fantasma, lugar de olvido y desengaño, lugar de nadie, mi lugar, por eso estoy aquí de vuelta atrás, buscando algo perdido, olvidado, sepultado, no lo sé; lo cierto es que a veces encontraba pedacitos de pasado que no terminaba de entender, a veces, a la distancia extrañaba el color de mi ciudad, los rostros de todos y de nadie, las tardes de café, los domingos de parque y sedición; por eso y más estoy de vuelta, feliz de encontrar la misma tierra amarga y dulzona, la misma que llega para bien y para mal, para sentir que los ríos corren por el mismo lugar y hacia el mismo punto; estoy tranquilo porque sé que aquí estoy de pie bajo la luna, porque sé que al caer, mis huesos buscaran abrigo entre la arena, feliz de saber que vivo entre fantasmas, como si el tiempo se hubiera detenido; he vuelto quizá ocho años atrás en el tiempo, tan sólo para buscar cristales de amor y olvido bajo la lluvia, para saber de mi y entender mejor estas noches de locura; confieso que he vuelto a ver estrellas en la noche, chispitas de tiempo sobre un telón infinito y negro, espejo de mares, explosión de amor, orgasmo de Dios, Dios mismo fragmentado al infinito; he vuelto y de pronto la luna me persigue alegremente por sueños tormentosos, buscando besar mis labios como ayer , provocándome en el pecho una ganas terribles de llorar bajo las hojas del almendro, y buscar entre las sombras a los duendes, de beberme en un solo trago mis temores y abrirme el pecho para expulsar a los demonios de mi alma, he vuelto buscando paz y quietud a mi corazón herido, cantando alegre y feroz, aquel llamado que incita a la locura, buscando razones para ir allá, donde el rió se vuelve mar y gritarle maldiciones al destino.…
Miguel Ángel Toledo Cervantes

Escribe un comentario