Temporalidad

“Todo esfuerzo por aferrarnos nos hará desgraciados, porque tarde que temprano aquello a lo que nos aferramos desaparecerá y pasará.

Ligarse a algo transitorio, ilusorio e incontrolable es el origen del sufrimiento. Todo lo adquirido puede perderse, porque todo es efímero”.

Buda

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lenguas

Si me preguntaran qué es lo que amo de un hombre, podría responder que amo una lengua suave y cálida, una lengua que al acariciar, humedezca el sexo sin necesidad de rozar con su mano por debajo de la falda. Me gustan las lenguas que se enroscan entre la comisura de los labios, que se pasea como ángel por entre los dientes y se posa como colibrí a mitad del oleaje. Confieso que soy adicta a cualquier lengua que pueda hacerme olvidar el lugar en el que me encuentro y hasta mi nombre, que me penetre al instante y me incite a apretar fuerte el cabello para atraer su cuerpo hacia mí (…)

Historia de las lenguas

A.L.

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S t/2

Me gustan tus faltas de ortografía
tu metro y medio de lindura
y tus conversaciones importantes en mitad de la película

Me gusta que ya no seas virgen
que beses con lengua y que mis manos arreglen tu cabello
que te pongas celosa con la señora de la farmacia
y que tengas berrinches sin lágrimas contra la pared.
Me gustan tus piernas cerradas y tus ojos pintados
tu cuarto puesto en un concurso de sonrisas
y mi correo lleno de correos tuyos con faltas de ortografía.
También me gustan tus bolsitas de caramelos
Tus te amo, tus no me dejes
Mis no te dejo, sonsita, Mis yo te escribo yo te escribo
Me gusto yo cuando eres una prolongación de mis labios
o de mi pene recto y emocionado.


Me gustan nuestras manos tocando piano sin pasar el sombrero
Nuestro mes y medio que parecen tres años
Tu parecido a una niña que me dejó hace tanto
Mi parecido a tu ideal de patán azul de cuento de hadas
El árbol en el parque y mi terror de ir al estadio
Las lágrimas del torero y las del toro asesinado
Los sacones que usan los vagabundos contra el calor del trabajo fijo.
Tus faltas de ortografía
y que tu nombre no rime ni con sillón presidencial.

Rafael Robles

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Dedicatoria

si alguna vez la vida te maltrata, acuérdate de mí, que no puede cansarse de esperar aquel que no cansa de mirarte.

Luis Garcia Montero

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"La aguja en el surco"

Y alguna vez te han besado, me pregunto / alguna vez te han besado tan intensamente ¿sí? ¿Se ha desvanecido el mundo por un segundo /mientras otros labios tocaban los tuyos / y se han aferrado adhiriéndose / y la adherencia se ha aferrado en filamentos / en diminutos filamentos de saliva que se atrapan uno a otro / como algo compartido, como un secreto, como una conexión?

Como una conexión que se estirase al separarse vuestras bocas, solo por un momento / y luego volviera a cerrarse / uniendo las mucosas / uniendo los labios de la otra persona a los tuyos /sellando los orificios / y la forma en que la lengua de uno toca la lengua del otro, fabricando un filamento / como una lamparita que se encendiera en la boca / un suave y húmedo zumbido de electricidad.

¿Alguna vez has sentido ese hormigueo ahí? y el repentino torrente de luz rosada, del contacto de las lenguas / rezumando hacia atrás, hacia el cerebro / y la forma en que los oscuros destellos se producen en la cabeza / y la carga que llevan / la entrada y la salida de esa energía / y la carga del beso, deslizándose

¿Lo has vivido? / ¿Alguna vez te han besado así? sí, tal vez sí / es posible y tal vez lo vivieras / pero ¿alguna vez todo esto calibrando en los ojos de tu amante? / ¿Captado, trazado, calibrado y quemado? / ¿Justo allí, en la puta pantalla del ecualizador gráfico de los ojos de tu amante? / Ah, entonces, te lo has perdido

Jeff Noon

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Carnaval de concreto I

Te fueron revistiendo baldosa a baldosa
hasta que no quedó más remedio
que llamarte ciudad.

Te erigiste hermosa mujer con el efecto de un monstruo
al que todos temen y copulan
y en lo que dura un semáforo
vaciaron las fuentes de tus pezones a besos.

Pero no siempre estuviste hundida y diseminada
en las estrías de la noche
hubo un tiempo en que los iniciados tocaron tu sexo de laúd
como una manzana de miel y amaranto
dura como el caramelo del medio día
hubo un tiempo en que el viento del torcaz
en una ráfaga invocó tu faldón en la hendidura de tus calles y veredas
y hubo malos tiempos con su enfermedad terminal de fin de viaje
donde el hielo no es hielo pero quema.

Me duele el corazón
del lado
derecho
cada vez que tus hijos te llaman ramera
me dan unas ganas de ponerle un sótano a tu memoria
no dejes que el musgo y el miedo delaten tu edad.
Me miro en esta ciudad con tus ojos
en la alta querencia de tu piel de baldosa
que alguna vez tuvo la inocencia de la Venus de Milo.

Hugo Plascencia

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No es que muera de amor…

No es que muera de amor, muero de ti.

Muero de ti, amor, de amor de ti,

de urgencia mía de mi piel de ti,

de mi alma, de ti y de mi boca

y del insoportable que yo soy sin ti.

 

Muero de ti y de mi, muero de ambos,

de nosotros, de ese,

desgarrado, partido,

me muero, te muero, lo morimos.

 

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,

en mi cama en que faltas,

en la calle donde mi brazo va vacío,

en el cine y los parques, los tranvías,

los lugares donde mi hombro

acostumbra tu cabeza

y mi mano tu mano y todo yo te sé como yo mismo.

 

Morimos en el sitio que le he prestado al aire

para que estés fuera de mí,

y en el lugar en que el aire se acaba cuando

te echo mi piel encima

y nos conocemos en nosotros,

separados del mundo, dichosa, penetrada,

y cierto , interminable.

 

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos

entre los dos, ahora, separados,

del uno al otro, diariamente,

cayéndonos en múltiples estatuas,

en gestos que no vemos,

en nuestras manos que nos necesitan.

 

Nos morimos, amor, muero en tu vientre

que no muerdo ni beso,

en tus muslos dulcísimos y vivos,

en tu carne sin fin, muero de máscaras,

de triángulos oscuros e incesantes.

Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,

de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.

 

En el pozo de amor a todas horas, inconsolable, a gritos,

dentro de mi, quiero decir, te llamo,

te llaman los que nacen, los que vienen

de atrás, de ti, los que a ti llegan.

Nos morimos, amor, y nada hacemos

sino morirnos más, hora tras hora,

y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Jaime Sabines

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Dos virgenes, un explorador

Se puso a llorar; ya no era virgen. había perdido lo que guardó con recelo por tanto tiempo. Ese momento lo había esperado con ansias. La primera vez. Se lo había imaginado de otra manera, como casi siempre se lo imaginan las mujeres, sin embargo, no fue tan placentero como ella esperaba, por el contrario, doloroso. Miró a los ojos al hombre que jamás olvidaría y por un segundo le pareció un extraño, se asustó; entonces lo abrazó. Perdóname si estoy llorando. Le dijo. Pero este momento es muy importante para mí, ya no soy niña y no me arrepiento de nada, porque te amo; no me dejes Manuel, no lo hagas nunca. Manuel se reflejó en los ojos aún llorosos de Carmencita, y le dijo lo único que en ese momento era superior al silencio. Te amo Carmen. Y abrió los ojos… Esto ya le había psado antes.
Antonio Navarro Arias

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La vida es un circo

que nos va quitando lo payaso.

Alejandro González

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